Las fuerzas invisibles que condicionan la estabilidad de un andamio

Un andamio puede alcanzar varias plantas de altura, soportar trabajadores, herramientas y materiales y adaptarse a geometrías muy diferentes. Detrás de esa aparente sencillez existe un diseño en el que PERI tiene en cuenta no solo las cargas visibles, sino también fuerzas que pueden actuar sobre la estructura sin que podamos percibirlas.

El viento es probablemente el ejemplo más evidente, pero no el único. Las vibraciones procedentes del terreno o, en determinadas zonas, la actividad sísmica también pueden introducir acciones que deben considerarse cuando las características del proyecto así lo requieren. Identificarlas y comprender cómo pueden afectar a una estructura temporal forma parte de su planificación.

El viento cambia con la altura, pero también con el entorno

El viento ejerce acciones horizontales sobre cualquier estructura expuesta y su importancia aumenta a medida que cambian la altura y las condiciones de exposición. Por eso, un andamio de varias plantas no puede entenderse simplemente como la repetición vertical de otro instalado a pocos metros del suelo.

Pero la altura es solo una de las variables.

La ubicación también importa. Los edificios próximos pueden modificar el comportamiento del viento: en algunas situaciones actúan como barreras que reducen la exposición directa, mientras que determinadas disposiciones de fachadas, calles y espacios abiertos pueden canalizar el flujo de aire, provocar turbulencias o generar aceleraciones locales.

También importa aquello que colocamos sobre el propio andamio. Una lona, una malla de protección o un cerramiento incrementan la superficie sobre la que puede actuar el viento y, por tanto, pueden modificar las acciones que debe soportar la estructura.

Por eso, conocer el emplazamiento, la altura, la geometría y la configuración prevista forma parte del análisis. El objetivo no es únicamente saber cuánto viento puede haber, sino comprender cómo puede actuar sobre esa estructura concreta.

La estabilidad depende del comportamiento del conjunto

Cuando una estructura gana altura y aumenta su exposición a acciones horizontales, garantizar su estabilidad exige algo más que utilizar componentes resistentes.

Apoyos, montantes, diagonales, arriostramientos, uniones, amarres y anclajes forman parte de un sistema en el que cada elemento cumple una función. Su configuración permite transmitir y distribuir las acciones que recibe el andamio y mantener el comportamiento previsto durante su utilización.

Esto explica por qué no existe una única solución válida para cualquier obra. La geometría del edificio, los puntos disponibles para realizar amarres, la altura, las cargas de utilización o la presencia de revestimientos exteriores pueden modificar las necesidades de la estructura.

En algunos proyectos puede ser necesario recurrir a configuraciones específicas, estabilizaciones adicionales, contrapesos o soluciones de anclaje adaptadas a las condiciones existentes.

La resistencia de un andamio, por tanto, no depende de hacer cada elemento individualmente más robusto. Depende de conseguir que el conjunto responda de manera adecuada a las acciones previstas. Y cuanto más exigentes son la altura, la geometría o las condiciones del entorno, mayor importancia adquieren el cálculo y la planificación previa.

Personas, herramientas y materiales también forman parte del problema

Las acciones externas no solo afectan a la estructura: también a las personas que trabajan en ella. Una racha de viento puede desplazar materiales mal asegurados, y una caída en altura pone en riesgo tanto a quien trabaja arriba como a quien está debajo.

Por eso la planificación fija tanto las cargas de las plataformas como el uso previsto, no es lo mismo un andamio de acceso que uno donde se acumulan materiales o se trabaja con equipos pesados, y cualquier cambio posterior, como añadir una lona o aumentar los acopios, puede alterar esas condiciones iniciales.

Cuando las fuerzas invisibles llegan desde el terreno

No todas las acciones dinámicas proceden del aire. El propio terreno puede transmitir movimientos y vibraciones que, en determinadas circunstancias, deben incorporarse al análisis.

En zonas donde la acción sísmica sea relevante, por ejemplo, las condiciones del emplazamiento y las acciones horizontales y dinámicas previstas deben formar parte de las consideraciones de diseño aplicables a la estructura temporal. No se trata de que el andamio simplemente «acompañe» el movimiento del suelo, sino de analizar cómo debe responder el conjunto de acuerdo con las condiciones específicas del proyecto.

También existen movimientos generados por la propia actividad constructiva. Trabajos de pilotaje, perforación, excavaciones, voladuras controladas u otras operaciones realizadas en las proximidades pueden producir vibraciones o incluso modificar las condiciones del terreno y de los apoyos.

Esto no significa que cualquier vibración comprometa automáticamente un andamio. Significa que, cuando estas acciones puedan resultar relevantes, deben identificarse, evaluarse y contemplarse dentro de la planificación.

De nuevo, la estructura no puede estudiarse de manera aislada. Trabaja sobre un terreno, junto a un edificio y dentro de una obra en la que muchas actividades pueden desarrollarse simultáneamente.

Diseñar también significa anticipar lo que no vemos

Una estructura temporal puede parecer sencilla cuando está terminada. Vemos plataformas, montantes, diagonales y accesos. Sin embargo, buena parte de la ingeniería que permite utilizarla con seguridad permanece oculta.

Detrás están las cargas previstas, la altura, la exposición al viento, las características del entorno, los puntos de anclaje, las condiciones del terreno, los materiales que se utilizarán y la forma en que todas esas variables interactúan.

Por eso, el diseño de un andamio comienza mucho antes de su montaje. Requiere conocer dónde se instalará, para qué se utilizará y bajo qué condiciones deberá trabajar durante toda su vida útil.

En PERI, el soporte técnico y la planificación de soluciones de andamiaje parten precisamente de ese análisis. La experiencia en obra, las herramientas de planificación y el cálculo permiten adaptar cada solución a las necesidades reales del proyecto y contemplar aquellas acciones que pueden condicionar su estabilidad y seguridad.

Porque algunas de las fuerzas más importantes que actúan sobre una estructura temporal nunca llegan a verse. Que no sean visibles no significa que no deban estar presentes desde el primer cálculo.