Canary Wharf's first high-rise residential building

¿Cómo optimizar la construcción no residencial para mejorar plazos, costes y seguridad?

La construcción no residencial, naves logísticas e industriales, centros dotacionales, edificios de uso terciario, comparte un mismo marco de exigencia: plazos ajustados, geometrías que se repiten a gran escala, múltiples equipos trabajando en paralelo y un control de costes sin margen de error.

Las obras que cumplen plazos y presupuestos son las que han definido el sistema de encofrado, los ciclos de hormigonado y la logística de reapuntalamiento antes de empezar a construir. Las que no lo hacen, lo resuelven sobre la marcha, y eso se paga en desviaciones de coste y plazo.

Javier Díaz, ingeniero de PERI en la zona norte de España, explica desde su experiencia en obra qué decisiones marcan la diferencia en este tipo de proyectos.

¿Qué errores lastran la eficiencia en este tipo de proyectos?

El principal es tratar el sistema de encofrado como una decisión logística posterior al diseño estructural, en lugar de integrarlo desde el inicio como una variable que determina el rendimiento de la obra. Cuando el sistema se define a posteriori, se pierde la capacidad de ajustar ciclos, secuencias y recursos a lo que la estructura permite ejecutar.

El segundo error es no explotar las prestaciones actuales del hormigón. Las dosificaciones actuales alcanzan resistencias suficientes en edades muy tempranas: permiten desencofrar en 24-48 horas y descimbrar en 3-5 días, con un plan de reapuntalamiento adecuado.

Si esto no se contempla en el diseño y la planificación, la obra renuncia a ciclos más cortos, a mayor reutilización de material y a una coordinación más precisa entre encofrado y ferralla. El resultado son ciclos más largos de lo necesario y una productividad por debajo de lo que la tecnología constructiva ya permite.

¿Qué papel juegan los sistemas de encofrado y andamiaje?

Son palancas directas de productividad, calidad y seguridad, no medios auxiliares secundarios. Los sistemas modulares bien diseñados se colocan desde el nivel inferior, lo que reduce la exposición al riesgo frente a soluciones que se instalan desde arriba y dependen de redes horizontales.

Sus paneles funcionan como sistemas estructurales integrados, con un bastidor de aluminio que garantiza el comportamiento del conjunto, frente a soluciones donde el tablero trabaja con apoyos puntuales o lineales. Esto permite desencofrados controlados, elimina prácticas inseguras como dejar caer elementos desde altura y genera entornos de trabajo más limpios, con menos piezas sueltas y menos riesgo de tropiezos.

El dato respalda la magnitud del problema: la construcción es el sector con mayor índice de incidencia de accidentes laborales en España, y las caídas desde altura representan alrededor del 40% de los siniestros del sector. En losas macizas, habituales en este tipo de edificación, cada decisión de sistema que reduce la exposición a trabajos en altura o la manipulación manual de cargas pesadas tiene un impacto directo sobre esa estadística.

Los sistemas modulares estandarizan además el montaje: reducen la dependencia de mano de obra altamente cualificada, su uso es intuitivo, con menor margen de error, y requieren equipos más reducidos. En losas macizas, los puntales certificados según normativa europea, combinados con sistemas modulares optimizados, reducen la densidad de apoyos, disminuyen los trabajos de manipulación y mejoran los rendimientos de montaje y desmontaje.

La calidad del acabado es otro factor con impacto económico directo. Los sistemas con tablero fenólico producen superficies homogéneas que reducen o eliminan la necesidad de revestimientos posteriores, lo que se traduce en ahorro de costes y mayor valor arquitectónico del resultado.

A esto se suma la correcta utilización del sistema. La presencia de un asesor de montaje del proveedor elimina incertidumbres en el uso de componentes, optimiza los rendimientos desde los primeros ciclos, fija criterios de conservación y mantenimiento, y mejora la identificación y el acopio de material. Esto reduce ineficiencias que rara vez se reconocen como tales, pero que lastran el rendimiento de forma constante.

¿Cómo condiciona la planificación inicial el rendimiento final?

Es el factor más determinante. No se trata solo de fijar plazos, sino de alinear los ritmos de ciclo con el sistema elegido, las estrategias de desencofrado, descimbrado y reapuntalamiento, la coordinación con ferralla y fases posteriores, y la logística de rotación de material.

Cuando estos factores se integran desde el inicio, la obra gana repetibilidad y estabilidad en la producción. Cuando no, entra en un escenario reactivo en el que cada ciclo se resuelve como una excepción respecto al anterior.

Sistemas modulares

Los sistemas modulares estandarizan además el montaje: reducen la dependencia de mano de obra altamente cualificada, su uso es intuitivo, con menor margen de error, y requieren equipos más reducidos.

¿Hacia dónde evoluciona el sector?

Hacia modelos más industrializados, seguros y predecibles: sistemas modulares orientados a ciclos cortos y alta reutilización, integración real entre diseño, medios auxiliares y ejecución, y aprovechamiento de las prestaciones del hormigón en edades tempranas desde la fase de planificación.

La seguridad se prioriza desde el propio sistema constructivo, no como elemento añadido al final del proceso. Y la dependencia de mano de obra altamente especializada se reduce mediante soluciones estandarizadas, mientras la calidad superficial se integra como parte del proceso, no como corrección posterior.

El sector pasa de construir a producir construcción, donde cada decisión técnica, el sistema, el plan de ciclos, la formación en su uso, impacta directamente en plazo, coste y seguridad. El coste real de un proyecto no está en el precio del sistema, sino en su efecto sobre el ciclo, la mano de obra, la seguridad, los acabados y la ejecución global.